¿A dónde se fue ese Temuco alegre y colorido?

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Hoy me dirijo a todos ustedes con un profundo sentimiento de nostalgia por los tiempos pasados que recordamos con cariño. Tiempos en los que las calles de Temuco estaban impregnadas de una magia especial, especialmente durante las noches de verano, cuando la vida parecía detenerse para dar paso a la celebración y la alegría. Recuerdo con añoranza las Ferias Artesanales Nacionales e Internacionales que solían adornar nuestra Plaza Aníbal Pinto (de armas), gracias al aniversario de la comuna, llenándola de colores, aromas y sonidos únicos; de participantes de otros países, de Argentina, de Perú, de Bolivia y otros. Era un privilegio caminar entre los puestos, admirando las habilidades de dichos artesanos y disfrutando de la riqueza cultural que nos rodeaba.

Uno de los aspectos más entrañables de aquellos tiempos dorados eran los artistas callejeros que animaban nuestras plazas y esquinas con su música y sus actuaciones. Cada noche, nos regalaban su talento y su pasión, convirtiendo nuestras calles en un escenario improvisado, donde la música y el arte fluían libremente. Ahora, esos mismos artistas no se detienen en nuestra ciudad, por el temor a ser detenidos por la policía. Pero en esa época, no había nada más reconfortante que detenerse a escuchar las melodías de esos artistas viajeros, mientras el bullicio de la ciudad se desvanecía en el fondo. Además recuerdo que más de alguna vez hubo “noches de cine”… y gratuito. Nos sentábamos en el centro de la Plaza de Armas, a un costado de la pileta, a ver cine.

No olvidar los paseos por el Mercado Municipal de Temuco, un lugar lleno de tradiciones y sabores que por mala gestión de los que están arriba, aún no lo podemos recuperar, a pesar de haberse quemado en 2016… sí, en 2016 y ahora simplemente abren calle Bulnes, para que recorra nuevamente el temuquense, luego que las empresas tramposas se declaren en quiebra y no nos entreguen nuestro mercado. Las autoridades locales deberían colgar una de esas mallas de cebollas, para cubrir ese armatoste que tienen ahí, para que evitemos mirar por vergüenza esas obras detenidas.

Recuerdo que, hasta hace poco, era seguro salir a darse una vuelta con la pareja, por las calles del centro, a la hora que sea, con la absoluta certeza que llegaríamos sanos y salvos a casa. Ahora desafío a quien quiera a encontrar un sólo carabinero en alguna esquina. Por otro lado, ojalá nunca tenga que llamarlos por alguna emergencia, ya que, si llegan, le invito a jugar al casino, dado que sería su día de suerte.

En cambio, ahora, de día o de noche, uno en cada esquina se encuentra con sujetos con aspecto indigente, pidiendo plata a los peatones, en un estado que no se sabe si andan bajo la influencia del alcohol o las drogas.

Otro recuerdo imborrable es el de los shows que se presentaban en nuestra Plaza de Armas, atrayendo a personas de todas las edades para disfrutar de momentos de esparcimiento y entretenimiento en comunidad. Era un lugar donde la diversión estaba garantizada y donde las risas y los aplausos resonaban bajo el cielo estrellado. Aquellas noches mágicas nos recordaban la importancia de cultivar el sentido de comunidad y de celebrar juntos nuestras tradiciones y nuestra identidad cultural. Recuerdo además una noche de verano. Tiene que haber sido a eso de las 23 horas. Salí de casa y llegué a la Plaza Aníbal Pinto (de Armas) y estaba repleta de gente. Todos usando pantalones cortos, poleras, colores. Había en el ambiente olor a algodón, de ese jugo de los huesillos. Se escuchaba música de fondo. Un malabarista hacía de las suyas y la gente era feliz, mientras se escuchaba a un artesano extranjero invitando recorrer América Latina.

Ahora, camino por las calles del centro de Temuco y todo es distinto. Todo es gris. El comercio cierra a las 7 de la tarde. A lo lejos se aprecia un colectivo, pero no me lleva; lo más probable es que piense que lo voy a asaltar.

En estos tiempos de cambio y transformación, es fundamental recordar y valorar nuestras raíces y las experiencias que nos han marcado como comunidad. Aunque el ritmo de la vida moderna pueda parecer frenético, nunca debemos olvidar detenernos de vez en cuando para honrar y preservar los momentos de felicidad y camaradería que han dado forma a nuestra historia. ¿Qué le pasó a Temuco? ¿Qué pasó con esa felicidad?

Vecino del centro de Temuco



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